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La capacidad o la discapacidad están relacionadas con la posibilidad o imposibilidad de hacer, pensar, ver, oír, decir, sentir o percibir algo.
Todos tenemos un puñado de capacidades y otro de discapacidades. Realmente, no estamos capacitados o discapacitados respecto a una determinada capacidad.
¿Qué pasa con las discapacidades? La mayoría no pasan inadvertidas, pero… ¿y con las capacidades? No suelen manifestarse de una manera tan evidente y son las que deberían de ser más valoradas.
Un bastón blanco nos informa que la persona que lo lleva está imposibilitada de captar imágenes a través de sus retinas. Pero si la observamos, detectaremos la capacidad que posee cuando cruza la calle, compra el pan, sube las escaleras o esquiva los obstáculos que se encuentra en el camino.
Un aparato en el oído nos dice que la persona ha tenido dificultades para oír absolutamente todo lo que le rodea. Pero si la observamos, nos daremos cuenta que es capaz de comunicarse con quien quiera.
Una silla de ruedas nos avisa que la persona que va sentada en ella está imposibilitada de mover sus piernas. Pero si la observamos, nos percataremos de la capacidad que posee para desplazarse por lugares inimaginables, o la de disfrutar de cada uno de sus viajes.
Ciertos rasgos de una persona nos avisan que no tiene capacidad de resolver razonamientos de gran complejidad. Pero si la observamos, descubriremos la capacidad que posee para intuir la esencia de algunas cuestiones enrevesadas, o la capacidad de alcanzar la felicidad, justamente desde su simpleza.
Pero sin duda…¿sabéis cuál es la mejor capacidad? La de poder amar.

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